martes, 25 de septiembre de 2007

Cada Año


Cada año acudía sin falta al mismo evento que organizaba un orfanato para recaudar fondos. Sola. Parecía una noche más de maratónicas sesiones de fotos para páginas de sociales, copas de martínis de colores y diminutos bocaditos de carne cruda.
Lo vio apoyado en la barra. Era canoso y estaba sólo. Paula no dudó en acercarse.
-Me llamo Paula- le dijo mientras apagaba la colilla con el taco aguja
El la miró. Sus ojos se dejaban ver por debajo de los mechones color miel que se amalgamaban con su color de pelo natural. Posó su mirada en el profundo escote que mostraba con poca sutileza el trabajo del Dr. Vainstain; escultor de las mujeres más guapas de la fiesta. Siguió por los pliegues de su vestido que acentuaba los huesos de su pelvis cayendo con suavidad.
-Lo sé. –Botó humo de puro haciendo círculos que se desvanecían en el aire.
-Es la primera vez que te veo por aquí-. Respondió ella tratando de disipar el humo con su mano.
Le ofreció un trago. Ella aceptó. Removió el vaso con el dedo índice haciendo sonar el hielo contra el cristal.
Paula tomó dos sorbos que pasaron por su garganta como un sable helado. Le quitó el puro y lo dejo caer en el vaso como un descuido. Metió las manos en los bolsillos del pantalón de aquel hombre, acercándolo a la calidez de su cuerpo moldeado por estrictas rutinas de gimnasio.
Ella rozaba sus caderas contra las de él. Lograba sentir a través de las lentejuelas de su vestido una dureza tibia. Paula alternaba suaves vaivenes con cimbreantes movimientos de sus caderas. Él se refugió en la oscuridad de su pelo. Recorrió su largo y blanco cuello con la lengua alborotada, saboreando los restos de perfume que se mezclaban con el sabor amargo del puro que aun recordaba su boca.
Paula se estremeció. Arañaba su camisa con las uñas en perfecta manicure francesa mientras lo acariciaba por detrás de la rodilla con el empeine.
Sorbió un trago más, Atrapó un cubo de hielo que se derretía en el calor del momento. Se lo pasó a la boca reteniendo sus labios con los dientes por un segundo.
-Detesto tu bigote-
-Y yo tu perfume-
Rieron.
Los mozos vestidos de blanco combinaban con el lugar acondicionado para el evento. Entre los tules que hacían las veces de paredes paseaban hombres en traje oscuro. Mujeres abrigadas con pieles de animales en extinción, hacían un intento de sonrisa frustrado por repetidas cirugías. Los perfumes se mezclaban en el aire con el humo creando una atmósfera densa y pesada.
Paula lograba escuchar las conversaciones de vidas ajenas que se repetían. Los ojos de Paula ya enrojecidos por el humo reconocieron, amores pasados, distracciones de una noche, que ahora sólo habitaban en su memoria.
Los mozos con sus fuentes de plata, no les prestaban atención. Los invitados no se acercaban a saludar. Mientras tanto, ellos creían pasar desapercibidos.
Ella se separó de él apartándolo con suavidad. Encendió un cigarrillo más delgado de lo normal.
-Creo que podríamos ir a otro sitio- le dijo.
El asintió. Buscó las llaves, la tomó por la cintura y con largos pasos acompasados se dirigieron al auto.

El apretaba el acelerador. Paula sacaba la mano por la ventana dibujando olas contra el viento. Se dirigieron al departamento que él tenia frente al mar.
Paula cuando entró se quito los zapatos. Caminó sin hacer ruido. Escogió un disco de Bossa Nova antes de subirse sobre él con agilidad. Le desanudó la corbata amarilla mientras él le bajaba el cierre del vestido con la dificultad que da la prisa.

El la detuvo. Miró la mesita que estaba al lado y puso bocabajo la foto del día en que se casó con Paula.

miércoles, 6 de junio de 2007

Aqui todo es chevere




Debo confesarme: nuca fui una frecuent user de combi. La universidad quedaba a dos cuadras de mi casa, y siempre puse cara de gato triste para agenciarme una jaladita a la casa de alguna amiga. Pero estando tan lejos y sentir que miles de kilómetros me separaban de ese cacharro destartalado tan representativo de la realidad nacional, ese pedazo de peruanidad cada día mas ajena a mí y ver como ese vehículo iba tomando su lugar en el escudo de la bandera; sentí la necesidad de tenerla cerca. Empecé a pensar cómo seria la Gran Vía poblada por unas cuantas combis en carrera y lo práctico que seria para mi ir al trabajo sin tener que caminar tanto para tomar el autobús. La civilización carece de la amable flexibilidad del tercer mundo, la que permite al chofer parar en la puerta del cine y a mí poder regatearle al cobrador.

Recordaba la Combi como una van en forma de cajita con rayas horizontales de color chicha y letras en tercera dimensión que señalaban el recorrido: “Arequipa, Angamos, parque mora"… Iban zigzagueando en la pista desafiando a la gravedad en las curvas y rozando espejos. Como han afirmado muchos, desde lejos las cosas se ven distintas… y es cierto. Los recuerdos son selectivos. En la nostálgica imaginación del inmigrante la papa a la huancaína siempre tiene lechuga y huevo duro, el cebiche mixto tiene unos langostinos tamaño de dinosaurio, el Centro de Lima está limpio como postal enmarcado con un cielo azul y la combi se ve como esas miniaturas de cerámica que venden en las ferias artesanales. Pero en el recuerdo patriotero el ruido de los cláxones, los golpes en la lata del de la puerta del carro no tienen cabida, tampoco hay "lleva, lleva", ni suena el Reaggeton y mucho menos se puede sentir el olor que despiden los huelguistas de desodorante. Más bien, recorremos nuestro camino imaginario con música de fondo de Chabuca Granda en un vehículo pintoresco y acogedor camino al puente de la Alameda.
Son las once de la mañana de mi primer lunes en Lima después de tres años, aun piso la calle con desconfianza turística dispuesta a ir en combi para empezar a vivir en carne propia lo que por meses imaginaba cuando esperaba el autobús número 41 a -5 grados bajo cero : La Combi . ¿Ustedes se preguntarán como alguien puede extrañar una combi donde los autobuses no te van intoxicando con monóxido porque son a gas, los choferes van uniformados, los asientos son cómodos y el aire acondicionado? ¿Cómo así el vehículo símbolo de la informalidad puede despertar nostalgias en los inmigrantes que vivimos en el primer mundo? Porque la combi es el símbolo nacional de estos nuevos tiempos. La nueva Inca Cola. La escarapela con ruedas. Un pedazo de nuestra identidad que debemos aceptar y hacerlo sería, un poco de autoestima para nuestro oprimido y humillado Perú (como en el himno nacional).
Estiro mi mano en la cuadra 37 de la avenida Arequipa y se acercan dos combis en carrera, una cierra a la otra violentamente para frenar a mis pies después de rozarme la nariz mientras yo aprieto los ojos con miedo. -Atrás hay sitio- Grita una cobradora , (si señor .. una mujer bien achorada, que impone bastante respeto) Procedo a sentarme al fondo como me indica ella. El aire esta caldeado, y ya recuerdo, en las combis no se abren las ventanas, la gente te mira mal cuando lo haces, les puede dar un "aire" y causar una neumonía mortal por tu culpa. El asiento forrado en plástico transparente se pega a mi piel. Los baches me hacen sentir que la combi va perdiendo tornillos y que cada hueco se va rompiendo aun más. El olor a diesel se impregna en mi ropa y me mancho el brazo de una grasa negra espesa que recubre un fierro del el asiento roto. El camino sigue mientras sorteamos ticos amarillos, niños con las manos sucias y combis destartaladas. Unas con luces discotequeras y cobrador de uña larga (sólo una). Las miradas mañosotas me hacen sentir un pastel de vitrina. Estoy inadecuadamente vestida para ir en combi. La combi tiene un dresscode. que no incluye colores brillantes ni escotes. La cobradora me cobra 1,20 para después darme cuenta, indignada, que soy la única que atraca pagar competo porque en la combi se regatea. Y no solo eso. Se chapa, se roba, se pelea, se cambia el pañal. Mi larga ruta a Gamarra , el imperio combi de los textiles me presenta a los mas variopintos personajes a los cuales había extrañado sin saberlo: la engominada estudiante de flyhostess, el ejecutivo chichero con celular de ladrillo, el universitario que hace malabares para que no se le rompa la maqueta, la señora gorda sudorosa con un montón de bolsas, la madre dando de lactar. Poco a poco el olor a grasa quemada y las miradas pasan a un segundo plano, aunque el mareo por ir de espaldas no. La película va tomando forma.
En la combi todo vale y todo se puede. Es una adicción. Si pusieran los autobuses rojos de Barcelona que pasan cada 20 minutos, impolutos con cobrador uniformado que solo para en los paraderos establecidos… tomaría una combi. Porque en la combi todo es chévere, el chofer el cobrador y ese asientito improvisado al lado de la puerta que te rompe la espalda.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Inmigrante Maleante!


Era un día de sol en una terraza típica del Borne. Donde suelen vender buen vino por copas y queso manchego en daditos. Me fue muy fácil acostumbrarme a los vinos y quesos españoles y cada día me sentía más en casa. Para entonces veía a todos los españolitos como personas bajitas, en su mayoría viejitos, que eran un poco toscos al hablar pero con una simpatía ibérica muy peculiar, que les gustaba cocinar paella los domingos, llamaban yaya a la abuela y comían bastante tarde. Me fue fácil acostumbrarme a los nuevos horarios, al gazpacho, a las fiestas y a escuchar "coño" como si fuese "caramba". Como en los cuentos no muy felices uno es feliz e inconsciente hasta que sucede algo que nos marca para siempre. Y ese día fue así. Tomaba un sorbo de vino y conversaba con dos amigas noruegas, que suelen pintarse el pelo de oscuro para no verse tan rubias. Hablábamos del trabajo, de la jefa, del piso. Vino un hombre bastante impertinente a exigirnos que le diéramos algo de dinero y le dije que lo sentía pero que no tenía "plata". Grave error. Use la palabra plata, común en Sudamérica. Por lo que rápidamente descubrió mi estigma Sudaka. Se le enrojecieron los ojos y se le saltaron las venas de la frente y ante la mirada pasiva de los demás clientes de la terraza, empezó a insultarme, a reclamarme que porque invadía su país, le quitaba el trabajo y a increparme que gracias a mi el consumía heroína. SUDAKA. Esa palabra sólo la había escuchado en alguna canción de los prisioneros y nunca le di importancia. Tampoco hasta el día de hoy he visto heroína.
Pero nadie, nadie dijo nada. Miraba a la gente. Algunos miraban, otros pretendían no escuchar bajando la mirada, enfocándola en los trozos de jamón y jugando a mecer el vino en sus copas mientras que a mi me humillaban. Ese día aprendí lo que se siente ser discriminada. Porque un insulto al azar no duele. Ni te importa. Pero cuando alguien te humilla por venir de un lugar que es parte de ti , parte de tus recuerdos, de tu vida, de ti mismo, clava el puñal en la llaga más profunda ,atacan lo que mas quieres: tu familia, tu casa, tu vida. Ese día aprendí la diferencia. Ese día aprendí que mi amiga noruega es extranjera y yo soy inmigrante. Como los que viven en Comas son pobladores y los que viven en San Isidro son residentes. Inmigrante porque pago con plata y como papas. Ella trabajaba en el mismo lugar que yo, vivíamos en el mismo barrio y ganábamos exactamente lo mismo. Pero el hombre me insulto a mí. Paraba para buscar más insultos en su consumido cerebro y continuaba. Hasta que se le acabaron. Una vez que terminó de desahogar toda su furia se fue. Las personas de la terraza retomaron la conversación y siguieron comiendo quesitos, jamones y vinos.
Ese pequeño episodio fue suficiente para darme una pequeña pista de lo que se debe sentir vivir siendo discriminado. Ser negro, cholo, indio, paki, sudaka. Fue suficiente para arrepentirme si alguna vez me expresé de alguien basándome en su raza, color u orientación sexual. Y más que el dolor de haber discriminada, fue el dolor eterno de saber que alguna vez discriminé.
Me gustaría poder recibir un post que me tranquilice diciéndome que fue un episodio aislado y que no significa nada. Lamentablemente, ese fue el primero de muchos hechos menos teatrales pero igual de tristes conmigo o con otras personas que he presenciado. Inclusive por parte de personas con una vida mucho más afortunada que la del pobre heroinómano. En el supermercado, en la calle, en el trabajo Las manifestaciones xenófobas hasta son publicadas en los diarios. Como este. http://mangasverdes.es/documentos/calvo.pdf donde no sólo discriminan a los africanos sino que también discriminan a las personas de su propio país. Porque la discriminación no tiene límites. Es contagiosa entre los estrechos de mente de cualquier estrato social. Por suerte (para España) en los periódicos del mundo sacan las imágenes de los turistas en Canarias ayudando a los africanos recién llegados en las pateras. Aquí los llaman SUB saharianos, SUB, como "SUBnormales ". Los africanos siempre tienen una gran sonrisa con blanquísimos dientes. Aunque nadie les alquile un piso por ser negros como una ficha de ajedrez, aunque hayan cruzado el desierto y los mares para vivir vendiendo CDS en la puerta del metro y huyendo de la Guardia Urbana. Aunque lo más probable es que a la vuelta de la esquina se encuentren un letrero como el de arriba.

sábado, 28 de abril de 2007

Tren con destino: La interculturalidad


-Nuevonuevonuevonuevo... – Repite una niña con la cabeza llena de trencitas mientras espero el metro. Como si fuese un mantra. Una plegaria a la buena suerte.
A mi también me gustan los metros nuevos, son más cómodos y son nuevos. Ese pequeño detalle hace que los sienta más limpios y que mi día sea mas claro. Porque en vez de tres mil millones de personas haber apoyado su cara contra el cristal como lo hago yo ahora, solo lo han hecho cincuenta mil.
También me gustan los enormes y viejos trenes que parecen submarinos y tienen el suelo de hospital porque si sus paredes hablaran, tendrían mil historias que contar. Pero esta vez la suerte nos ha sonreído a la niña rasta y a mí, ya que hace su entrada desafiante un nuevo tren, con el sigilo de una nave espacial. Parece que flotara en el aire. Brilla tanto como la enorme sonrisa de conductor que despide cierto aire de orgullo al ser EL quien presiona los botoncitos de colores para llevarnos a nuestro destino en el tren mas moderno de toda la flota.

Todos se apresuran por subir a pesar de las implícitas normas de convivencia del metro (esperar primero a que bajen y después subir) son normas bastante lógicas pero no se cumplen. A veces con ligeras dosis de psicosis en las horas punta; cuando las personas dejan de ser personas un poquito para volverse un poco egoístas por el cansancio propio del currante que quiere llegar a su casa a las seis de la tarde. La gente deja pasar a un hombre ciego con su concentrado perro labrador el cual lleva un letrero que dice: “no me acaricies estoy trabajando”. Da la apariencia que cualquier silbido o ruidito amigable que solemos hacer a los perros buenos, podría distraerlo en su digna e impagada labor.
El trayecto es largo y no he conseguido sitio. Da lo mismo, en Barcelona hay tantos abuelos que sentarse es un ejercicio tonto ya que en menos un minuto habrá un anciano de pie esperando por tu asiento. No te mirará ni te lo pedirá sino que se pondrá cerca de ti, el poseedor del asiento mas joven. Después te rozará la rodilla mientras pretendes una concentración no humana frente a un libro para simular que no lo viste, te hará sentir el ser más desalmado de la tierra hasta que sucumbas ante la presión y le cedas el sitio. Aunque nunca falta la abuela “Jane Fonda” que se sentiría indignada si tienes la cortesía de cederle tu asiento.
El trayecto es largo hasta mi casa, cada vez hay más personas que entran y los cuerpos se van amoldando al poco espacio que queda. Varias manos intentan hacerse espacio en la misma barra de metal tratando de no tocarse y respetar el espacio vital de los demás.

No hay como el metro de una ciudad para tener una visión panorámica de sus habitantes y sus costumbres. Y nada como un metro para demostrarle al extranjero que ya no es tan ajeno. Un inmigrante no esta completamente integrado si es que no conoce los caminos del metro. Esa enredadera de colores que une sus ramas unas con otras. Uno va aprendiendo y adquiriendo seguridad. Aprendes cual es la mejor ruta para llegar al Teatro Liceu o al Parque Güell. Si es mejor ir en metro o en autobús (o no ir). Poder dibujar en la pizarra que tenemos en la cabeza las diferentes opciones y escoger la óptima es una habilidad que te hace sentir menos ajeno.
Con el calor primaveral ya afloran los olores humanos del metro. Mi olfato es el de un perro de aeropuerto y estoy atrapada entre la puerta y un brazo levantado en huelga de desodorante. Mi nariz, sin yo poder controlarlo, se contrae y se retuerce como si tuviese las manos atadas y me entrara una abeja por cada fosa nasal. Logro escabullirme entre dos señoras de avanzada edad las cuales charlan en catalán de sus nietos con cierto afán de competencia. Ahora lo que me marea es el perfume florido de abuela pensionista. Al frente, dos chicas musulmanas ríen y juegan con sus niños de grandes ojos con largas pestañas de camello. Al lado, dos obreros fortachones con aspecto andino pasan las páginas del periódico el Latino aun con restos de polvo de la faena entre los dedos.
Unos macarras andaluces aplauden mientras cantan un flamenco doloroso y escupen con habilidad las cáscaras de las pipas en el suelo. Un ejecutivo catalán con gafas de intelectual los mira con desaprobación detrás de un Best Seller. Una pareja de gays se da la mano tímidamente sin importarles el circo que se monta a su alrededor mientras que yo miro todo al ritmo de….
Que importa que esté escuchando yo cuando vamos rumbo hacia la interculturalidad en un vagón de la línea lila.
Todas esas personas de distintas razas tienen una historia pasada que trajeron en dos maletas de 20 Kg. vía Iberia. Ahora van en metro, a su casa, quizá viven en algún barrio de los extrarradios de la ciudad, allá donde no hay Gaudi. Pero ahora están aquí, en el metro, un limbo entre nuestra casa y nuestro destino. Vivirán algún día la integración verdadera donde no nos limitemos a ser personas distintas sentadas en un metro una al lado de la otra. Quizá en un futuro no muy lejano, no sólo sea posible encontrar una paella, un cebiche o un kebab en la misma calle de Barcelona. Sino que más bien encontremos paella al curry, un kebab de anticucho o un Tacu tacu de falafel a la salida del metro.

lunes, 16 de abril de 2007

Buscando a Romeo


Existen grandes ciudades y pueblos pequeños pero entre estos, están los pueblos con personalidad de grandes ciudades. Esos son los sitios que más me gustan.
Así es Verona. Una ciudad con más de mil años de historia que aún conserva el encanto pasado mezclándose con la modernidad cotidiana. Elegante, con personalidad, amable, con pintorescas hosterías y pequeños cafés en calles empedradas, grandes monumentos, castillos, boutiques y pequeñas pizzerías, autos lujosos y carnaval de pueblo; Verona presenta una mezcla entre el pasado y el futuro sin perder su esencia divina, el equilibrio perfecto entre lo simple y lo sofisticado que uno no debe perderse.


No es difícil pasar un día perfecto en Verona, para eso sólo debemos incluir un paseo por la Piazza delle Erbe , pasar por el mercadillo donde se pueden encontrar pinochos de madera y mascaras de Carnaval, visitar el Duomo de la ciudad, tomarse una foto muy posada el Balcón de Julieta y comer polenta en alguna Hostería. Por la tarde, dar un paseo por las curvas del río Adige parando por un buen café (o mejor, un Capuchoc, una mezcla de chocolate caliente, café y nata) y terminar el día con la Opera en el Arena. Aún se siente el aire aun fresco del invierno que se va y provoca que el tiempo no pase y que la comida no engorde. Pero como eso no se puede, sólo queda disfrutar de los pocos días (siempre son pocos en Italia) para capturar la ciudad con la cámara, beber buen vino, excelente café, comer pasta sin remordimiento y soñar con que los días veroneses son eternos y las noches también.

Los Veroneses son muy elegantes, bastante sobrios para ser italianos. Siempre encontrarás el estereotipo de italiano con pantalón ladrillo o mostaza Libby’s, pero la mayoría de veroneses son bastante conservadores. ¿Acaso sólo los italianos visten esos pantalones de colorinches? ¡Que falta de miedo a los colores!

Siempre he pensado que para dedicarse enteramente a ver monumentos y museos es mejor mirar enciclopedias. Para conocer una ciudad hay que vivirla, sentarse, respirarla y esperar a que la ciudad vaya entrando por los poros hasta que uno deje de sentirse un turista y empiece a ser parte de ella. Hay que esperar la llegada de esos instantes de la vida diaria que hacen que uno desee congelar el tiempo, algo tan cotidiano como una mujer de pelo blanco y mandil a cuadros lleno de harina haciendo capelleti en un pastificio o un hombre perfectamente enternado yendo a trabajar en bicicleta, o dos viejos conversando mientras toman grappa.
Hay ciudades a donde no hace falta llevar un compañero de viajes, donde observar la ciudad es más que suficiente para no sentirse sólo, así es Verona.

Tomé el avión a las 7 de la mañana. Cuando aterrizas en Bérgamo y todos aplauden, es fácil adivinar que estás en Italia. Aún no sé porque los italianos aplauden cuando aterriza el avión. Quizás porque es tan bueno estar de regreso, porque extrañan tanto a la mama o por simple tamarrería (huachaferia) italiana.

Soy muy planificada en los viajes para poder después de conocer todos los sitios obligados, ir libre de preocupaciones y prisas.
Así que ya sabía de antemano que tren debía tomar: El Regionale que es el más barato. Igual me equivoqué de tren, ya que los trenes no se anuncian en el andén y me subí al tren más rápido y caro. El "cobratore" me puso una multa de 18 euros más el importe del otro billete; al final, el precio por el trayecto de media hora en tren salió más caro que el pasaje en avión.
Había leído que para conocer Verona bastaban 4 ó 5 horas; es cierto que en unas horas se pueden ver los principales edificios y monumentos pero Verona es mucho más que el balcón de Julieta. Verona es poder comer la mejor polenta del mundo en una Hostería, tomar Prosecco en una terraza, mas allá de ruinas romanas es poder disfrutar de un paseo al lado del rió Adige que cruza toda la ciudad y si se tiene suerte poder ir a ver la ópera en el Arena .

Como en toda Italia, las cosas funcionan de manera distinta, los billetes de autobús no se compran dentro del autobús ni en la estación sino en el bar más próximo. Es un buen dato ya que si no te lo dicen no te lo imaginas. Recomiendo comprar varios billetes para tener por sea caso; sobretodo si hay que tomar el bus después del cierre de los locales.
En la estación de Porta Nouva donde te deja el tren, los mapas de la ciudad son gratis y te atienden amablemente explicándote cuales son los lugares de atractivo turístico y la forma más óptima para transportarse al lugar que uno desee ir. Todos los autobuses de la ciudad parten de esa estación y si el tráfico lo permite, suelen parar donde uno indique sin importar que haya una parada oficial (como combi).

Verona tiene fama de ser cara y lo es, se puede ver que hay gente muy adinerada. Los Ferrari y Mazzerati no dejan de pasar. No hay grandes almacenes sino más bien pequeñas boutiques y marcas de renombre. Igual siempre es divertido callejear y soñar un poco ente Gucci, Prada y Louis Vouiton. La ciudad no destaca mucho en museos pero si en arquitectura : puentes romanos, castillos, arcos... Una verdadera delicia para tomar fotos.

No hay que olvidar que Verona es la cuna de Romeo y Julieta. Las tiendas suelen aprovechar al máximo a estos vecinos ilustres y se venden todo tipo de souvenirs con corazones, destellos de amor y promesas eternas bajo el sello de la parejita. Uno puede comprender al pasear por sus calles de piedra frecuentadas por guapísimos Romeos y elegantes Julietas porque Shakespeare robó la inspiración de esta magnifica ciudad.

En la entrada de la casa de Julieta, a la cual se puede entrar para hacerse una foto en el balcón, hay un monumento de ella. Se dice que si uno le agarra un pecho a la escultura uno regresará a Verona. No se si funcione, lo que si es cierto es que hay que esperar turno para cogerle el seno ya desgastado de tanto manoseo; al parecer todos los turistas saben del secreto para volver.

Al dejar Verona, (ahora si en el tren correcto) veo otro hombre con pantalón mostaza Libby's y me pregunto si Romeo se habrá vestido así.

jueves, 12 de abril de 2007

El Método


Después de una entrevista de trabajo me es casi imposible no tener la idea de que el puesto es mío. Empiezo a hacer mis cálculos de cómo voy a distribuir mi salario, a donde me iré de viaje en las vacaciones y a donde celebraré con mis amigos. Escojo el restaurante, me vuelvo generosa y hasta prometo pagar la cuenta.
El proceso de la entrevista, después de ir a unas cuantas sesiones de tortura o entrevistas (más o menos es lo mismo), es algo bastante repetitivo. Uno va agarrando práctica como todo. Hacen las mismas preguntas y esperan las mismas respuestas con una que otra variación de acuerdo al puesto. Como por ejemplo:

¿A dónde te ves de aquí a 10 años?
Respuesta de entrevista:
Me veo en un puesto de responsabilidad, con personas a mi cargo, donde pueda tomar decisiones importantes para la empresa.
Respuesta honesta: Espero que dentro de 10 años ya no tenga que trabajar. Seguro tendré tres hijos, un perro y haré galletas de manzana. Dígame señor gerente, como yo voy a saber donde voy a estar cuando tenga 38? ¿Acaso tengo una bola de cristal y un pañuelo de bolas en la cabeza?

¿Dígame, Cuáles son sus defectos?
Respuesta de entrevista:
Bueno soy adicta a mi trabajo, lo hago parte de mi vida y soy muy perfeccionista
Respuesta honesta: ¡Tengo tantos! Que no se por donde empezar: fumo, me enfermo frecuentemente, soy una dormilona y muy renegona. Y pobre del que se me cruce un día de mal humor porque le haré recordar a alguna escena de Tarantino.

¿Qué opina de sus jefes anteriores?
Respuesta de entrevista:
Mi jefe y yo aun somos muy amigos. Es una a persona muy capaz de la cual aprendí mucho. Aun nos mantenemos en contacto. Lamentablemente mi vida profesional ha seguido otro camino.
Respuesta Honesta: Ese viejo verde mañoso, argollero, no sabe ni la tabla del cuatro; si llegó a donde está debe ser pura casualidad. Sino porque que cree que busco otro trabajo?
Ese tacaño, explotador y chupamedias no se merece ni una tarjeta de navidad de los toribianitos.

Algunas veces los entrevistadores tratan de sorprenderte con preguntas “diferentes” por no decir ridículas. Como por ejemplo:

Dígame cuantas pelotas de tenis cree que existen actualmente en este país.¿Cómo obtendría ese número?
Respuesta de entrevista:
Bueno, sumando la producción de pelotas de tenis del país más las que vienen importadas de Hong Kong, Katmandú y Republica Checa, descontando que las pelotas de tenis tienen una vida media de 15 años podríamos…
Respuesta Honesta: Y yo que sé, porque no llama al brujo norteño o a Rosita Chang la vidente personal de Laura Bozzo. Tampoco me interesa, si Ud. quiere saber cuantas pelotitas andan rodando por el país porque no va de club en club y las cuenta.

Cada gerente tiene su estilo y cada empresa su tipo de tortura favorito. ¿No es bastante presión el tener que buscar un trabajo? Tests psicotécnicos, de idiomas, exponer casos, resolución de problemas, preguntas con truco. Entrevistas en videoconferencia, por teléfono, espías entre el grupo de entrevistados... Hay métodos, como torturas en la santa inquisición. Y cada día los procesos de selección son más duros y fomentan más la “sana competencia”.
La única entrevista agradable que he tenido fue una que me invitaron almorzar y hablamos como dos personas normales. Por lo menos a mí, siempre la comida me produce bienestar.
Se recomienda siempre decir que eres proactivo (repite esa palabrita, les encanta), que estás acostumbrado a las situaciones bajo presión, que te gustan los retos, que dejaste tu trabajo porque querías más responsabilidad que eres resistente al stress y que te motiva mucho trabajar en equipo.

Pero en serio ¿? ¿Alguien cree eso?

¿Acaso ellos no han pasado por exhaustivos interrogatorios? ¿Ellos no han dorado la píldora para conseguir su puesto?
Después de una o dos “torturas” es fácil decir las respuestas correctas. Igual la respuesta será: si, tiene el puesto o no, hemos escogido a otro. Y como cuando recién llegue a Barcelona le decía a un amigo desempleado: Esto es cuestión de vencer las estadísticas. A más curriculums, más posibilidades de conseguir un trabajo. ¿Pero acaso queremos cualquier trabajo?
Al final todos queremos un trabajo donde uno sienta que vale la pena levantarse temprano y dejar 1/3 de vida en la oficina, donde aporte algo positivo a este mundo, donde uno se sienta identificado, queremos trabajar con gente agradable y que no estén esperando a que demos la espalda para clavarnos el puñal por un puñado de euros. Todos queremos la verdad, no nos mencionen ese bono que nunca pagarán, ni lo felices que son todos en su empresa. Queremos una oferta sin reveces, sin letras pequeñas, ni mentiras. Pero lamentablemente, la mentira empieza con un anuncio en La Vanguardia.

martes, 10 de abril de 2007

En París con Beatrice


Creo que a las personas no las debemos de juzgar por las primeras impresiones como a los libros no debemos juzgarlos por la tapa. Aunque debo admitir que muchas veces me siento atraída hacia las tapas nuevas, llamativas o modernas . De igual manera a veces me rindo ante la apariencia cuidada, armoniosa e impoluta de una persona. Una obsesión villa mariana que de la que no logro deshacerme y que me lleva de tanto en tanto a grandes decepciones.

Beatrice es todo menos perfecta, diría que es su perfecta imperfección es lo que más admiro en ella. La conocí hace dos años y de vez en cuando me acuerdo de ella.

En el Barrio de Montmartre hay muchos cafecitos y bares. Lo que más se aprecian por aquí son los que tienen un pedacito de vereda con mesitas el cual llaman terraza. Las sillas están ubicadas indiscretamente, todas mirando a la vereda como platea. Por sentarse en la terraza uno paga el doble por un café, ya que encima de disfrutar el aire aún fresco de la primavera uno puede gozar con el desfile de parisinos y no tan parisinos pasar por la pasarela de la calle. Ejecutivos, mujeres elegantes, viejos con bastón, niños en supermodernos coches de tres ruedas, señoras con perros chuscos y finos de todos los tamaños. Nada como una gran ciudad para no aburrirse con el simple hecho de mirar pasar a la gente. Ahí estaba yo en una terraza, que resulto ser la de un bar Mapuche. Cosa que solo puede existir en París, un mapuche en el exilio, con un bar. Leo mi libro y el mapuche de pelo de caballo me sirve una copa de vino blanco. Le pregunto si es chileno y me manda una mirada fulminante. -Soy mapuche, no chileno- me responde bruscamente. Interesante, (a menos que su pasaporte sea de mapuchelandia)-pienso.
De pronto alguien llega, una diminuta viejita. Muy ágil se escurre detrás de mi silla sin siquiera tocarla para llegar hacia la mesa vacía. Me golpea con el bolso, solo un poquito y me dice: Je suis Desole Madame.
Le sonrío y le contesto en mi mejor intento de francés y al toque , mira mi libro con los ojos abiertos como platos y me pregunta si hablo castellano. –Si- respondo aliviada de no tener que improvisar mi pésimo francés.
-Oh que bien hace tanto que no hablo castellano! Me llamo Beatrice.-
-Y yo Marissa, mucho gusto.-
Se pasa a mi mesa sin dejar de hablarme y preguntarme de donde soy, que hago ahí y preguntas de rutina para un turista.
-Ah! te veo y me veo a a mi hace muy poco, vine a estudiar pero he decidido prolongar mi estadía.- me dice ella.
Ve mi libro de Gabriel García Márquez y al verlo me dice : Ay! Si hubiera estado Gabo aquí …
¿Lo conoce?- Pregunto, ante tanta familiaridad.
Claro el y yo vivíamos en la misma calle! Me dice señalándome la calle de enfrente con el dedo. En esa época solíamos pasar horas conversando y yo le prestaba siempre plata. Es un muchacho tan agradable y tan buen amigo… sólo un poco disipé- ríe Beatrice.
-A veces no se cortaba las uñas; quizá por eso nunca accedí a salir con el- me confiesa.
Reímos cómplices, porque yo tampoco saldría con alguien tan disipé.

Beatrice tiene el pelo blanco amarrado con un moñito, bastante descuidado. Los efectos del frío parisino se notan en sus arrugas que van como profundos surcos por toda su cara más marcados en el área de la sonrisa. Conversamos de su vida y la mía y lo parecidas que somos mientras compartimos una botella de vino gato blanco que nos sirve el mapuche. El mapuche es muy amable con ella, se ve que siempre viene porque trae la orden sin ella haber pedido nada. Empanaditas, vino gato blanco y un platito de aceitunas que ella devora con hambre adolescente.
Se hace tarde pero no me importa, Beatrice me entretiene tanto que puedo llegar tarde o perderme del todo. Estudió historia del arte, en una época en que ir a la universidad era mas que una osadía, irse fuera sola era impensable y ahí estaba ella, en París, después de 50 años de haber llegado de Cali, Colombia.
Le pregunto indiscretamente si se casó y con una sonrisa traviesa que deja ver sus dientes postizos me dice: No… pero tengo un amigo, un enfant terrible! Se queda en mi casa los fines de semana. Dice que le gustan las chicas latinas como yo – dice sonrojada. Reímos juntas y me regala el gatito de plástico del vino blanco que aún conservo.

Después de guardar el gatito cuidadosamente en mi cartera junto con su elegante y sobria tarjeta me despido como si se tratara de una vieja amiga. Nunca más la volveré a ver. Me gustaría llamarla, aunque no me atrevo. Prefiero seguir pensando que sigue yendo a ese bar todas las noches, a pedir su vino gato blanco y sus empanaditas.

jueves, 29 de marzo de 2007

When i´m 64

La soltería me tomo por sorpresa junto con la llegada de la primavera, donde no puedo esconder los efectos de mis noches vino , mis tardes de snickers y mis mañanas de galletas. Justo ahora, cuando el verano es inminente. Justo en mi crisis anual donde me da por conseguir todas las muestras gratuitas de cremas posibles (porque no las puedo pagar ), de stand en stand en el Corte Inglés, las que tienen extracto de perla, placenta de conejo, proteinas de dinosaurio y el ADN de Demi Moore. Entre muestras gratis de emplastos, mascarillas y geles que me he puesto en un vano intento de convencerme a mi misma que puedo detener los segundos que se vuelven minutos, horas, días semanas… AÑOS. Imposible. Seguiré con el vino, el cigarro, sin el mínimo ejercicio más que el necesario para subir las escaleras mecánicas malogradas, que como ya les dije alguna vez son mi pesadilla. De pronto tengo 29, estoy soltera otra vez, tengo 5 kilos de sobrepeso, la gravedad va haciendo sentido más allá de mis clases de física en el colegio y las manzanas de Newton y aquí estoy sin trabajo, perro que me ladre, gato que me lama el dedo, ni bicicleta. Nací sola y me moriré sola , pero que yo recuerde no nací con arrugas, ni con sobrepeso , nací pesando 3,450 gramos ¡peso perfecto! Ya no es el caso. Aun recuerdo cuando en el colegio alguna amiga mía decía que yo seria la primera en casarme porque siempre me sacaban a bailar en las fiestas. Pero la verdad todas se me están casando y esos amenos cafés y conversaciones destrozando y deshilachando hombres han pasado a tener como temas recetas de papillas, marcas de pañales, texturas de heces de recién nacido (no es broma); las Neomadres creen que a los demás también nos hacen gracia los excrementos de sus pequeños.
A los 17 creía que para esta altura ya tendría una exitosa carrera abandonada por el bien de mis 3 hijitos, mi linda casa de playa y mi guapísimo marido que me diría:¿tesoro para qué vas a trabajar? Si nos sobra!
La verdad es que no me falta, no puedo quejarme , hasta ahora. Eso si, día tras día sin falta mando todos los curriculums posibles, Pero no me sobra, me robo las sacarinas de los cafés y compro ropa en H&M en segundas rebajas y comparto piso.
En verdad la vida nunca es como uno se la imaginaba el día de la graduación. Y será esa la gracia de la vida, los divertimientos de Dios, tremendo bromista, que esas cosas que los curas llaman pruebas yo les llamo bromas, porque tiene un sentido del humor retorcido, bastante negro, debería de ser guionista de sitcom. Ya lo veo, sentado en su silla de nubes, riéndose a carcajadas viéndome untarme de menjunjes que no sirven para nada , yendo a entrevistas para trabajos inverosímiles con sueldos de risa, viendo departamentos que se caen a pedazos a precios astronómicos, para terminar compartiendo piso. Si, si dear God desde arriba debe ser muy gracioso. Pero los seres humanos somos así, siempre creemos que la felicidad esta a la vuelta de la esquina y por eso seguimos caminando con una sonrisa, esperando el mañana o el pasado mañana, donde todo será lo que soñamos y vamos reescribiendo nuestro guión a lo largo de nuestras vidas , tratando de sacarle el lado positivo a las cosas malas, a los malos jefes , a los malos novios, a los desastres, porque de todo se aprende no? Y así de pronto llegan los 30 los 40 los 50 y que será de mi como dice la canción de los Beatles when i’m 64?
Podría ser una abuelita jubilada, con muchos nietos que solo me piden propina, o podría ser una vieja amargada solterona, dormir en un cajero o simplemente ser comida gourmet de gusanos porque con lo rico que como debo ser una delicatessen. En teoría a esta altura ya debería tener mi negocio propio, o ser manager de alguna empresa y mi plan va con retraso, estoy en mi sofá azul, el mas barato de Ikea y encima de segunda mano eso si tomando un buen vino francés, que después de la partida del del susodicho y la repartición de los bienes, es lo único de el que conservo.

Si ahora soy caprichosa, maniática y obsesiva (mi mamá me diria que soy inconformista, perseverante y ordernada) Pero, que será de mi cuando tenga 64? Seguro seguiré igual pero un poco más. Me gustará más el vino, me habré olvidado de las cremas ,de los nombres de mis sobrinos, ya tendré un gato y cuando alguien me pregunte hace cuanto tiempo estoy en Barcelona, diré lo de siempre: Vine de vacaciones, pero he aplazado un poco mi regreso. Porque de lo último que tengo ganas ahora con mi soltería de vuelta es volver a Lima auque la extrañe, seria como volver a empezar de cero con más arrugas, más ojeras, y mas sobrepeso. Maybe when i´m 64.

martes, 23 de enero de 2007

Ola de Frio amenaza mis paseos por el parque


Hoy ha llegado la ola de frío una enorme pared de viento helado que viene desde los fríos países nórdicos, los Fiordos y el más allá amenazando con arruinar mi primaveral vida de vacaciones en Barcelona mientras busco trabajo.
El viento se lleva todo lo que encuentra a su paso incluida el agua de la pileta que sale por la fuerza del aire terminando en mi pelo, que ahora huele a agua de renacuajos.
Caminar en contra del aire, es un ejercicio que en Lima no se hace y me falta práctica. Lamentablemente no he sacado el paraguas (aunque .. Ya se habría roto con el viento) y ántes de cruzar la Gran Vía para llegar a mi casa, empieza a llover y el semáforo sigue en verde. Cuando llueve es único momento en el cual reniego de mi condición de europea progre anti carro frecuent user del metro con zapatos sport casual, que por cierto, tienen agua por todas partes y suenan cuando camino. Es ahí cuando quiero un carro. Y no me importaría contaminar, que no hay parking, que hay que pagar seguro y que hay que lavarlo. En esos momentos deberían de poner a lo vendedores de carros en los semáforos, al lado de los charcos o cerca de las escaleras mecánicas malogradas de la estación de metro de paseo de Gracia (después de subir 4 pisos de escaleras mecánicas malogradas, eres más propenso a firmar lo que sea. Nada es más duro que subir escaleras mecánicas malogradas. Podrían, ahora que estoy con los pies helados y mojados, hacerme firmar un contrato por 340 módicas cuotas con altos intereses para hacerme de esas cajitas contaminantes, con aire acondicionado y calefacción que tan bien me vendrían en un día como hoy, de lluvias y vientos huracanados nórdicos, fríos y malos.

Todos corren de un lado a otro pero yo ya llegue a la casa; calefacción a toda marcha, tesito en mano me dispondré a buscar algo para el fin de semana, Hay que verle el lado positivo a las cosas, hasta a las olas de frío. Pronóstico de mucha nieve, así que nos vamos a esquiar a Andorra. Prometo mandar fotos el próximo lunes. Recomiendo no perdérselas porque aprender a esquiar a los 28, es algo memorable, todo un momento Kodak. Dicen que nunca es demasiado tarde para aprender, pero dudo que mis articulaciones piensen lo mismo. Quizás antes solo hubiese pensado en divertirme, pero ahora pienso primero si mi seguro cubriría algún accidente de ese tipo y lo que es más delatador de que estoy llegando a los 30 es que saco mis papeles del seguro debidamente guardados en una carpeta y compruebo si es que mi póliza efectivamente cubre accidentes en deportes de ese tipo, antes de hacer la reserva. Es por eso que recomiendo aprender este deporte antes de los 20 cuando uno puede bajarse de la silla eléctrica e ir montaña abajo solo pensando en llegar primero y no en fracturarse el cuello. Cuando todavía los pulmones funcionan al 100% y puedes llegar con ganas de repetir la bajadita adrenalínica. Por suerte cerca de todas las pistas de Ski siempre hay un agradable bar donde sirven algo alcohólico y calientito. Seguro ahí terminaré antes de lo esperado.

Hasta el lunes. Espero que desde mi sofá, como siempre y no desde la cama del hospital con la pierna rota.

Perdón por no haber escrito pero..


Tengo mil excusas para decir porque no he escrito y de pronto son las 3 de la mañana y tengo tanto que contar.
Pero antes que nada, después de toda una vida viviendo en lima tengo que inventar excusas de porque no he escrito. Todas son ciertas pero son excusas (verdaderas) al fin y al cabo.
He estado con una gripe horrible en cama, yo diría que me dio la gripe aviar (la de los pollos) pero mi medico dice que eso es imposible. Total, que sabe el médico de gripe aviar , quizás el veterinario me de la razón, y algún remedio para el moquillo mas efectivo que el Frenadol que me dan en la posta médica.
Desde que llegue de Lima ando en la gran búsqueda de todo, de nuevo departamento y de nuevo trabajo. Mientras me quedo en mi piso antiguo en calidad de Okupa. Hay un cuarto vacío pero no pago por el. Rubén, mi ex compañero de piso vive ahí pero siempre esta de viaje , y cuando viene duermo en la sala. (El no sabe que me he agarrado su habitación ) La búsqueda de trabajo va bien, esta vez como ya saben he decidido no inclinarme por un trabajo normal sino algo que me guste (si es que existe).
También he estado con depresión post Lima. Después de regresar de mi casa con parada de ley en Punta Sal en la casa del Tío Pipo cualquiera se deprime con el regreso a la realidad. Hasta balbuceaba por las mañanas : Judy mi jugo !! y nadie venia. Pedía cebiche de conchas negras en el bar gallego y casi casi le regateo al taxista hasta despertar a la realidad al ver el taximetro.
Pero ya me tienen aquí bien abrigadita y lista para empezar el año y para recibir que los reyes magos me traigan para el 2007.