Buscando a Romeo
Existen grandes ciudades y pueblos pequeños pero entre estos, están los pueblos con personalidad de grandes ciudades. Esos son los sitios que más me gustan.
Así es Verona. Una ciudad con más de mil años de historia que aún conserva el encanto pasado mezclándose con la modernidad cotidiana. Elegante, con personalidad, amable, con pintorescas hosterías y pequeños cafés en calles empedradas, grandes monumentos, castillos, boutiques y pequeñas pizzerías, autos lujosos y carnaval de pueblo; Verona presenta una mezcla entre el pasado y el futuro sin perder su esencia divina, el equilibrio perfecto entre lo simple y lo sofisticado que uno no debe perderse.
No es difícil pasar un día perfecto en Verona, para eso sólo debemos incluir un paseo por la Piazza delle Erbe , pasar por el mercadillo donde se pueden encontrar pinochos de madera y mascaras de Carnaval, visitar el Duomo de la ciudad, tomarse una foto muy posada el Balcón de Julieta y comer polenta en alguna Hostería. Por la tarde, dar un paseo por las curvas del río Adige parando por un buen café (o mejor, un Capuchoc, una mezcla de chocolate caliente, café y nata) y terminar el día con la Opera en el Arena. Aún se siente el aire aun fresco del invierno que se va y provoca que el tiempo no pase y que la comida no engorde. Pero como eso no se puede, sólo queda disfrutar de los pocos días (siempre son pocos en Italia) para capturar la ciudad con la cámara, beber buen vino, excelente café, comer pasta sin remordimiento y soñar con que los días veroneses son eternos y las noches también.
Los Veroneses son muy elegantes, bastante sobrios para ser italianos. Siempre encontrarás el estereotipo de italiano con pantalón ladrillo o mostaza Libby’s, pero la mayoría de veroneses son bastante conservadores. ¿Acaso sólo los italianos visten esos pantalones de colorinches? ¡Que falta de miedo a los colores!
Siempre he pensado que para dedicarse enteramente a ver monumentos y museos es mejor mirar enciclopedias. Para conocer una ciudad hay que vivirla, sentarse, respirarla y esperar a que la ciudad vaya entrando por los poros hasta que uno deje de sentirse un turista y empiece a ser parte de ella. Hay que esperar la llegada de esos instantes de la vida diaria que hacen que uno desee congelar el tiempo, algo tan cotidiano como una mujer de pelo blanco y mandil a cuadros lleno de harina haciendo capelleti en un pastificio o un hombre perfectamente enternado yendo a trabajar en bicicleta, o dos viejos conversando mientras toman grappa.
Hay ciudades a donde no hace falta llevar un compañero de viajes, donde observar la ciudad es más que suficiente para no sentirse sólo, así es Verona.
Tomé el avión a las 7 de la mañana. Cuando aterrizas en Bérgamo y todos aplauden, es fácil adivinar que estás en Italia. Aún no sé porque los italianos aplauden cuando aterriza el avión. Quizás porque es tan bueno estar de regreso, porque extrañan tanto a la mama o por simple tamarrería (huachaferia) italiana.
Soy muy planificada en los viajes para poder después de conocer todos los sitios obligados, ir libre de preocupaciones y prisas.
Así que ya sabía de antemano que tren debía tomar: El Regionale que es el más barato. Igual me equivoqué de tren, ya que los trenes no se anuncian en el andén y me subí al tren más rápido y caro. El "cobratore" me puso una multa de 18 euros más el importe del otro billete; al final, el precio por el trayecto de media hora en tren salió más caro que el pasaje en avión.
Había leído que para conocer Verona bastaban 4 ó 5 horas; es cierto que en unas horas se pueden ver los principales edificios y monumentos pero Verona es mucho más que el balcón de Julieta. Verona es poder comer la mejor polenta del mundo en una Hostería, tomar Prosecco en una terraza, mas allá de ruinas romanas es poder disfrutar de un paseo al lado del rió Adige que cruza toda la ciudad y si se tiene suerte poder ir a ver la ópera en el Arena .
Como en toda Italia, las cosas funcionan de manera distinta, los billetes de autobús no se compran dentro del autobús ni en la estación sino en el bar más próximo. Es un buen dato ya que si no te lo dicen no te lo imaginas. Recomiendo comprar varios billetes para tener por sea caso; sobretodo si hay que tomar el bus después del cierre de los locales.
En la estación de Porta Nouva donde te deja el tren, los mapas de la ciudad son gratis y te atienden amablemente explicándote cuales son los lugares de atractivo turístico y la forma más óptima para transportarse al lugar que uno desee ir. Todos los autobuses de la ciudad parten de esa estación y si el tráfico lo permite, suelen parar donde uno indique sin importar que haya una parada oficial (como combi).
Verona tiene fama de ser cara y lo es, se puede ver que hay gente muy adinerada. Los Ferrari y Mazzerati no dejan de pasar. No hay grandes almacenes sino más bien pequeñas boutiques y marcas de renombre. Igual siempre es divertido callejear y soñar un poco ente Gucci, Prada y Louis Vouiton. La ciudad no destaca mucho en museos pero si en arquitectura : puentes romanos, castillos, arcos... Una verdadera delicia para tomar fotos.
No hay que olvidar que Verona es la cuna de Romeo y Julieta. Las tiendas suelen aprovechar al máximo a estos vecinos ilustres y se venden todo tipo de souvenirs con corazones, destellos de amor y promesas eternas bajo el sello de la parejita. Uno puede comprender al pasear por sus calles de piedra frecuentadas por guapísimos Romeos y elegantes Julietas porque Shakespeare robó la inspiración de esta magnifica ciudad.
En la entrada de la casa de Julieta, a la cual se puede entrar para hacerse una foto en el balcón, hay un monumento de ella. Se dice que si uno le agarra un pecho a la escultura uno regresará a Verona. No se si funcione, lo que si es cierto es que hay que esperar turno para cogerle el seno ya desgastado de tanto manoseo; al parecer todos los turistas saben del secreto para volver.
Al dejar Verona, (ahora si en el tren correcto) veo otro hombre con pantalón mostaza Libby's y me pregunto si Romeo se habrá vestido así.
Así es Verona. Una ciudad con más de mil años de historia que aún conserva el encanto pasado mezclándose con la modernidad cotidiana. Elegante, con personalidad, amable, con pintorescas hosterías y pequeños cafés en calles empedradas, grandes monumentos, castillos, boutiques y pequeñas pizzerías, autos lujosos y carnaval de pueblo; Verona presenta una mezcla entre el pasado y el futuro sin perder su esencia divina, el equilibrio perfecto entre lo simple y lo sofisticado que uno no debe perderse.
No es difícil pasar un día perfecto en Verona, para eso sólo debemos incluir un paseo por la Piazza delle Erbe , pasar por el mercadillo donde se pueden encontrar pinochos de madera y mascaras de Carnaval, visitar el Duomo de la ciudad, tomarse una foto muy posada el Balcón de Julieta y comer polenta en alguna Hostería. Por la tarde, dar un paseo por las curvas del río Adige parando por un buen café (o mejor, un Capuchoc, una mezcla de chocolate caliente, café y nata) y terminar el día con la Opera en el Arena. Aún se siente el aire aun fresco del invierno que se va y provoca que el tiempo no pase y que la comida no engorde. Pero como eso no se puede, sólo queda disfrutar de los pocos días (siempre son pocos en Italia) para capturar la ciudad con la cámara, beber buen vino, excelente café, comer pasta sin remordimiento y soñar con que los días veroneses son eternos y las noches también.
Los Veroneses son muy elegantes, bastante sobrios para ser italianos. Siempre encontrarás el estereotipo de italiano con pantalón ladrillo o mostaza Libby’s, pero la mayoría de veroneses son bastante conservadores. ¿Acaso sólo los italianos visten esos pantalones de colorinches? ¡Que falta de miedo a los colores!
Siempre he pensado que para dedicarse enteramente a ver monumentos y museos es mejor mirar enciclopedias. Para conocer una ciudad hay que vivirla, sentarse, respirarla y esperar a que la ciudad vaya entrando por los poros hasta que uno deje de sentirse un turista y empiece a ser parte de ella. Hay que esperar la llegada de esos instantes de la vida diaria que hacen que uno desee congelar el tiempo, algo tan cotidiano como una mujer de pelo blanco y mandil a cuadros lleno de harina haciendo capelleti en un pastificio o un hombre perfectamente enternado yendo a trabajar en bicicleta, o dos viejos conversando mientras toman grappa.
Hay ciudades a donde no hace falta llevar un compañero de viajes, donde observar la ciudad es más que suficiente para no sentirse sólo, así es Verona.
Tomé el avión a las 7 de la mañana. Cuando aterrizas en Bérgamo y todos aplauden, es fácil adivinar que estás en Italia. Aún no sé porque los italianos aplauden cuando aterriza el avión. Quizás porque es tan bueno estar de regreso, porque extrañan tanto a la mama o por simple tamarrería (huachaferia) italiana.
Soy muy planificada en los viajes para poder después de conocer todos los sitios obligados, ir libre de preocupaciones y prisas.
Así que ya sabía de antemano que tren debía tomar: El Regionale que es el más barato. Igual me equivoqué de tren, ya que los trenes no se anuncian en el andén y me subí al tren más rápido y caro. El "cobratore" me puso una multa de 18 euros más el importe del otro billete; al final, el precio por el trayecto de media hora en tren salió más caro que el pasaje en avión.
Había leído que para conocer Verona bastaban 4 ó 5 horas; es cierto que en unas horas se pueden ver los principales edificios y monumentos pero Verona es mucho más que el balcón de Julieta. Verona es poder comer la mejor polenta del mundo en una Hostería, tomar Prosecco en una terraza, mas allá de ruinas romanas es poder disfrutar de un paseo al lado del rió Adige que cruza toda la ciudad y si se tiene suerte poder ir a ver la ópera en el Arena .
Como en toda Italia, las cosas funcionan de manera distinta, los billetes de autobús no se compran dentro del autobús ni en la estación sino en el bar más próximo. Es un buen dato ya que si no te lo dicen no te lo imaginas. Recomiendo comprar varios billetes para tener por sea caso; sobretodo si hay que tomar el bus después del cierre de los locales.
En la estación de Porta Nouva donde te deja el tren, los mapas de la ciudad son gratis y te atienden amablemente explicándote cuales son los lugares de atractivo turístico y la forma más óptima para transportarse al lugar que uno desee ir. Todos los autobuses de la ciudad parten de esa estación y si el tráfico lo permite, suelen parar donde uno indique sin importar que haya una parada oficial (como combi).
Verona tiene fama de ser cara y lo es, se puede ver que hay gente muy adinerada. Los Ferrari y Mazzerati no dejan de pasar. No hay grandes almacenes sino más bien pequeñas boutiques y marcas de renombre. Igual siempre es divertido callejear y soñar un poco ente Gucci, Prada y Louis Vouiton. La ciudad no destaca mucho en museos pero si en arquitectura : puentes romanos, castillos, arcos... Una verdadera delicia para tomar fotos.
No hay que olvidar que Verona es la cuna de Romeo y Julieta. Las tiendas suelen aprovechar al máximo a estos vecinos ilustres y se venden todo tipo de souvenirs con corazones, destellos de amor y promesas eternas bajo el sello de la parejita. Uno puede comprender al pasear por sus calles de piedra frecuentadas por guapísimos Romeos y elegantes Julietas porque Shakespeare robó la inspiración de esta magnifica ciudad.
En la entrada de la casa de Julieta, a la cual se puede entrar para hacerse una foto en el balcón, hay un monumento de ella. Se dice que si uno le agarra un pecho a la escultura uno regresará a Verona. No se si funcione, lo que si es cierto es que hay que esperar turno para cogerle el seno ya desgastado de tanto manoseo; al parecer todos los turistas saben del secreto para volver.
Al dejar Verona, (ahora si en el tren correcto) veo otro hombre con pantalón mostaza Libby's y me pregunto si Romeo se habrá vestido así.


1 comentario:
los peruanos le tenemos miedo a los colores, pero aun asi tengo mis polos ketchup libbys.
Que tal si te mando una foto de mi mano y la pasas por la teta de la estatua, sería como volver sin haber ido?
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