Inmigrante Maleante!
Era un día de sol en una terraza típica del Borne. Donde suelen vender buen vino por copas y queso manchego en daditos. Me fue muy fácil acostumbrarme a los vinos y quesos españoles y cada día me sentía más en casa. Para entonces veía a todos los españolitos como personas bajitas, en su mayoría viejitos, que eran un poco toscos al hablar pero con una simpatía ibérica muy peculiar, que les gustaba cocinar paella los domingos, llamaban yaya a la abuela y comían bastante tarde. Me fue fácil acostumbrarme a los nuevos horarios, al gazpacho, a las fiestas y a escuchar "coño" como si fuese "caramba". Como en los cuentos no muy felices uno es feliz e inconsciente hasta que sucede algo que nos marca para siempre. Y ese día fue así. Tomaba un sorbo de vino y conversaba con dos amigas noruegas, que suelen pintarse el pelo de oscuro para no verse tan rubias. Hablábamos del trabajo, de la jefa, del piso. Vino un hombre bastante impertinente a exigirnos que le diéramos algo de dinero y le dije que lo sentía pero que no tenía "plata". Grave error. Use la palabra plata, común en Sudamérica. Por lo que rápidamente descubrió mi estigma Sudaka. Se le enrojecieron los ojos y se le saltaron las venas de la frente y ante la mirada pasiva de los demás clientes de la terraza, empezó a insultarme, a reclamarme que porque invadía su país, le quitaba el trabajo y a increparme que gracias a mi el consumía heroína. SUDAKA. Esa palabra sólo la había escuchado en alguna canción de los prisioneros y nunca le di importancia. Tampoco hasta el día de hoy he visto heroína.
Pero nadie, nadie dijo nada. Miraba a la gente. Algunos miraban, otros pretendían no escuchar bajando la mirada, enfocándola en los trozos de jamón y jugando a mecer el vino en sus copas mientras que a mi me humillaban. Ese día aprendí lo que se siente ser discriminada. Porque un insulto al azar no duele. Ni te importa. Pero cuando alguien te humilla por venir de un lugar que es parte de ti , parte de tus recuerdos, de tu vida, de ti mismo, clava el puñal en la llaga más profunda ,atacan lo que mas quieres: tu familia, tu casa, tu vida. Ese día aprendí la diferencia. Ese día aprendí que mi amiga noruega es extranjera y yo soy inmigrante. Como los que viven en Comas son pobladores y los que viven en San Isidro son residentes. Inmigrante porque pago con plata y como papas. Ella trabajaba en el mismo lugar que yo, vivíamos en el mismo barrio y ganábamos exactamente lo mismo. Pero el hombre me insulto a mí. Paraba para buscar más insultos en su consumido cerebro y continuaba. Hasta que se le acabaron. Una vez que terminó de desahogar toda su furia se fue. Las personas de la terraza retomaron la conversación y siguieron comiendo quesitos, jamones y vinos.
Ese pequeño episodio fue suficiente para darme una pequeña pista de lo que se debe sentir vivir siendo discriminado. Ser negro, cholo, indio, paki, sudaka. Fue suficiente para arrepentirme si alguna vez me expresé de alguien basándome en su raza, color u orientación sexual. Y más que el dolor de haber discriminada, fue el dolor eterno de saber que alguna vez discriminé.
Me gustaría poder recibir un post que me tranquilice diciéndome que fue un episodio aislado y que no significa nada. Lamentablemente, ese fue el primero de muchos hechos menos teatrales pero igual de tristes conmigo o con otras personas que he presenciado. Inclusive por parte de personas con una vida mucho más afortunada que la del pobre heroinómano. En el supermercado, en la calle, en el trabajo Las manifestaciones xenófobas hasta son publicadas en los diarios. Como este. http://mangasverdes.es/documentos/calvo.pdf donde no sólo discriminan a los africanos sino que también discriminan a las personas de su propio país. Porque la discriminación no tiene límites. Es contagiosa entre los estrechos de mente de cualquier estrato social. Por suerte (para España) en los periódicos del mundo sacan las imágenes de los turistas en Canarias ayudando a los africanos recién llegados en las pateras. Aquí los llaman SUB saharianos, SUB, como "SUBnormales ". Los africanos siempre tienen una gran sonrisa con blanquísimos dientes. Aunque nadie les alquile un piso por ser negros como una ficha de ajedrez, aunque hayan cruzado el desierto y los mares para vivir vendiendo CDS en la puerta del metro y huyendo de la Guardia Urbana. Aunque lo más probable es que a la vuelta de la esquina se encuentren un letrero como el de arriba.
Pero nadie, nadie dijo nada. Miraba a la gente. Algunos miraban, otros pretendían no escuchar bajando la mirada, enfocándola en los trozos de jamón y jugando a mecer el vino en sus copas mientras que a mi me humillaban. Ese día aprendí lo que se siente ser discriminada. Porque un insulto al azar no duele. Ni te importa. Pero cuando alguien te humilla por venir de un lugar que es parte de ti , parte de tus recuerdos, de tu vida, de ti mismo, clava el puñal en la llaga más profunda ,atacan lo que mas quieres: tu familia, tu casa, tu vida. Ese día aprendí la diferencia. Ese día aprendí que mi amiga noruega es extranjera y yo soy inmigrante. Como los que viven en Comas son pobladores y los que viven en San Isidro son residentes. Inmigrante porque pago con plata y como papas. Ella trabajaba en el mismo lugar que yo, vivíamos en el mismo barrio y ganábamos exactamente lo mismo. Pero el hombre me insulto a mí. Paraba para buscar más insultos en su consumido cerebro y continuaba. Hasta que se le acabaron. Una vez que terminó de desahogar toda su furia se fue. Las personas de la terraza retomaron la conversación y siguieron comiendo quesitos, jamones y vinos.
Ese pequeño episodio fue suficiente para darme una pequeña pista de lo que se debe sentir vivir siendo discriminado. Ser negro, cholo, indio, paki, sudaka. Fue suficiente para arrepentirme si alguna vez me expresé de alguien basándome en su raza, color u orientación sexual. Y más que el dolor de haber discriminada, fue el dolor eterno de saber que alguna vez discriminé.
Me gustaría poder recibir un post que me tranquilice diciéndome que fue un episodio aislado y que no significa nada. Lamentablemente, ese fue el primero de muchos hechos menos teatrales pero igual de tristes conmigo o con otras personas que he presenciado. Inclusive por parte de personas con una vida mucho más afortunada que la del pobre heroinómano. En el supermercado, en la calle, en el trabajo Las manifestaciones xenófobas hasta son publicadas en los diarios. Como este. http://mangasverdes.es/documentos/calvo.pdf donde no sólo discriminan a los africanos sino que también discriminan a las personas de su propio país. Porque la discriminación no tiene límites. Es contagiosa entre los estrechos de mente de cualquier estrato social. Por suerte (para España) en los periódicos del mundo sacan las imágenes de los turistas en Canarias ayudando a los africanos recién llegados en las pateras. Aquí los llaman SUB saharianos, SUB, como "SUBnormales ". Los africanos siempre tienen una gran sonrisa con blanquísimos dientes. Aunque nadie les alquile un piso por ser negros como una ficha de ajedrez, aunque hayan cruzado el desierto y los mares para vivir vendiendo CDS en la puerta del metro y huyendo de la Guardia Urbana. Aunque lo más probable es que a la vuelta de la esquina se encuentren un letrero como el de arriba.


